Bodas que dejan Huella

A mí, personalmente, me gustan las bodas que dejan huella, que se quedan en el corazón para siempre, que aunque pasen los años recuerdas… ese olor, ese momento, ese vestido precioso de ella y el novio tan guapo, su felicidad , su mirada de complicidad , la alegría de su familia y amigos.

Bodas que se cuidan hasta el último detalle, que todo está pensado, que nada es casualidad sino causalidad.

Me gustan esas bodas familiares, con tus amigos más allegados, con aquellos que recuerdas todos los momentos vividos desde la infancia y juventud y, que cuando pasa algo o escuchas una palabra, los miras, os reís y sabéis lo que estáis pensando cada uno de vosotros.

Me gustan esas bodas donde hay momentos (y los momentos son muchas cosas) para todo: momentos de abrazos, de miradas, de discursos, de emociones, de risas, de bailes, de esa canción que marcó vuestra juventud (y os transportáis a esas maravillosas noches donde bailabais sin parar como si el mundo se fuese a acabar en ese instante y no hubiese un mañana…), pero sobre todo de las fotos (incluyendo las robadas ), fotos que ves en días posteriores donde se ha quedado plasmado ese momento; momentos que alguien ha capturado para siempre y que sabes que al mirar la foto, dentro de 10 años, la mirarás con cariño, te reirás, emocionarás y sentirás, en una milésima de segundo, un sentimiento tan bonito que siempre recordarás; recordarás ese momento, esa boda, la boda de tu hermano, de tu prima, de tu mejor amiga… ese momento que ha dejado huella.

Por eso me gustan esas bodas donde se han cuidado todos los detalles al milímetro, porque todo cuenta y porque nada se deja al azar.

Hoy os quiero enseñar una de esas bodas: Ella, Laura (la novia) y Él, Ignacio (el novio), una pareja que sólo con mirar las fotografías lo ves todo, todo lo que transmiten, porque son unos novios guapísimos, simpáticos y agradables y como os he dicho antes, las fotos hablan por sí solas, así que os dejo con unos momentos maravillosos… ¡sus momentos!